La autoevaluación representa una etapa clave de reflexión colectiva al cierre del Plan de Desarrollo Institucional (PDI) 2019-2025, permitiendo realizar una apreciación objetiva de la realidad universitaria para identificar logros y formular propuestas que potencien las fortalezas institucionales. La importancia de este ejercicio radica en su concepción como una herramienta de navegación estratégica indispensable en contextos de crisis, facilitando la construcción de consensos innovadores y asegurando que la comunidad universitaria se apropie de su proyecto institucional. Además, este proceso de mejora de la calidad permite sistematizar un debate profundo sobre la trascendencia y las posibilidades futuras de la universidad frente a la incertidumbre.
En oportunidad del primer taller de autoevaluación, realizado a fines de 2025, el rector Anselmo Torres planteó definiciones profundas sobre el rol de la universidad, sosteniendo que: “Elaborar un plan estratégico en un contexto nacional adverso no es un ejercicio burocrático, sino un acto de afirmación política y de soberanía cognitiva”. AnselmoTorres advirtió, en ese momento, que: “La planificación es una práctica pedagógica que requiere la formación de cuadros dirigenciales con capacidad de gestión estratégica, permitiendo que la universidad funcione como un faro de resistencia epistémica y un actor fundamental para el desarrollo patagónico”.
Para garantizar un diagnóstico integral, la autoevaluación institucional abordará seis dimensiones de análisis que incluyen el marco institucional y sus metas, la dimensión docente y el desempeño estudiantil, la investigación y el desarrollo científico, la extensión y proyección social, el gobierno y la gestión organizacional, y la administración de recursos financieros, humanos e infraestructura. El proceso, que se implementará a lo largo de todo el año, se enfocará en validar seis nudos críticos transversales, como la gestión de la incertidumbre financiera, la articulación entre sedes y rectorado, y la optimización administrativa. Este análisis contará con la participación plural de estudiantes, docentes y nodocentes, además del acompañamiento de especialistas externos que aportan una mirada objetiva para evitar visiones endogámicas.
El cronograma de trabajo para el año 2026 establece que durante el mes de mayo se iniciará la difusión y la formalización de las comisiones, dando paso a la sistematización de datos y a talleres sobre el abordaje de escenarios fragmentados a finales de mes. En junio se avanzará con entrevistas a informantes clave y el diseño de cuestionarios, mientras que los meses de julio y agosto se dedicarán a talleres virtuales para elaborar el análisis de fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas por cada dimensión. La implementación de encuestas masivas a la comunidad universitaria se llevará a cabo en septiembre, permitiendo que en octubre se inicie la fase de evaluaciones preliminares y recomendaciones. Finalmente, durante noviembre se jerarquizarán los problemas para construir el diagnóstico del nuevo Plan de Desarrollo, culminando en diciembre con la socialización y entrega del informe final de autoevaluación.