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Víctor Brion, el lazo entre la formación odontológica y la sociedad

A la profusa actividad en el campo de los servicios de salud, la docencia universitaria,  publicaciones y la formulación de propuestas con su maestría de Ciencias Sociales bajo el brazo, el Dr. Víctor Brion agrega el condimento de vincular a la UNRN con sectores vulnerables.

Desde la carrera que se dicta en Allen coordina proyectos de extensión y voluntariado en beneficio de sectores aborígenes de la línea Sur rionegrina y en barrios periféricos de esa ciudad y  General Roca como una forma de abordar la promoción y la educación para la salud bucal en comunidades mapuches.

Encabeza esta iniciativa con la premisa de que la relación entre la universidad y los diversos sectores de la comunidad se construye articulando múltiples expresiones y demandas sociales con las formas de producción de conocimientos y las nuevas maneras de organizarlos, distribuirlos e intercambiarlos en el escenario social.

Plantea como forma valorable, que esta oferta de  estudios superiores, se organiza en función de la resolución  de problemas, los principales que aquejan a la comunidad.

¿Qué visión tiene de lo que debe ser la formación odontológica en la Patagonia cuando sabemos que hay sectores de la comunidad que no conocen el consultorio de un dentista?

Cuando comenzamos esta aventura de  la carrera de Odontología en la Patagonia, fines del 2008 y principios del 2009, teníamos claro que había que hacer algo diferente teniendo en cuenta dos situaciones centrales. Por un lado,  lo elitista de la atención odontológica: el 80 por  de la población por distintos motivos tiene necesidades de atención odontológica insatisfechas, hay un por ciento con atención odontológica completa  y un 10  por ciento naturalmente sana. Por otra parte, es necesario contemplar la rica interculturalidad de nuestra sociedad norpatagónica. Esto nos obligaba a hacer algo diferente. Hacía más de 50 años que una universidad pública no creaba una carrera de odontología.

Es así que nos propusimos una carrera distinta,  que conjugue calidad académica basada en la evidencia científica pero contextualizada. Somos una universidad pública y no podemos formar odontólogos para el 10 por ciento de la población

Por ese motivo nuestros alumnos aprenden las asignaturas básicas integradas con las clínicas, prácticas odontológicas con pacientes por parte de los alumnos y cada ciclo o cuatrimestre se asocia las clínicas con la práctica social curricular.  Hoy están los alumnos cursando la primera clínica integrada; es el segundo año de la carrera y ya están trabajando con pacientes, en el hospital de Allen, en salas periféricas de barrios de Allen y en escuelas de un barrio carenciado de Cipolletti (Anai Mapu). Hay que ver la alegría de estos alumnos. Cada año las clínicas son de mayor complejidad.

Entonces, ¿cuáles tienen que ser las prioridades en los servicios odontológicos para convertirse en una verdadera política de Estado en Salud Pública?

En primer lugar, la promoción y la educación para la salud y, en lo específico, la prevención odontológica. Hoy la salud no es un problema exclusivo de los profesionales de la enfermedad. Se lo considera como un proceso llamado salud- enfermedad- atención, es un proceso social, sus determinantes son sociales, económicos, culturales, educacionales etc. Dentro de estos parámetros sociales gravitan las variaciones biológicas individuales. Por eso es tan importante el trabajo en las comunidades, escuelas, el trabajo con los docentes, los padres, los agentes sanitarios.
Hoy el modo de atención está centrado en la enfermedad y no en la salud. Es el modelo hegemónico. Esto es lo que se debe cambiar, y las universidades, en general, reproducen este modelo  de saberes redituables, de profesionalismo positivista que funciona con la lógica del mercado ocupacional. Privilegiando campos de investigación y publicaciones.

¿Cómo ha sido la articulación entre lo académico y los trabajos de campo?

Nuestra concepción pedagógica de hacer algo diferente -que cambie la realidad odontológica de nuestra gente-, asocia docencia, extensión e investigación desde el mismo inicio. Entendemos  la extensión como el vínculo entre la sociedad, sus demandas y la universidad, con formas de producción de conocimiento, su maneras de organizarlos, distribuirlos e intercambiarlos con la sociedad. Y esas actividades articuladas con la investigación y la práctica social curricular. Estas prácticas extramuros producen variables de equidad y pertinencia social, focaliza la práctica y la docencia, define valores y metas (salud bucal y excelencia profesional) y posee impacto social.

¿Desde qué concepción se parte para llegar a comunidades postergadas, cuál es el universo a cubrir desde los proyectos de extensión ?

Los mapuches de nuestra provincia son parte importante de ese 80 por ciento que nunca tuvo atención odontológica, y decidimos comenzar por este sector social. Para ello, el Parlamento del Pueblo Mapuche y el Consejo de Desarrollo de Comunidades Indígenas (CODECI)  nos determinaron a qué comunidades ir. Lo hicimos tanto en comunidades dispersas de la meseta de la línea sur rionegrina, Lipetren Chico, Lipetren Grande, Aguada Guzmán y El Cuy, como en comunidades urbanas de General Roca, Paso Córdova y Allen. Los estudios epidemiológicos realizados nos muestran en niños y jóvenes de la zona rural una situación de caries muy buena, o sea de muy pocas caries en relación a la misma población de la zona urbana, en general porque hay una vida más saludable; no hay quioscos ni plata para golosinas y poseen agua con gran cantidad de flúor, en algunos casos excesivo. Los adultos, en cambio, tienen la boca muy mal, tanto los de la zona urbana como rural, producto de la falta de atención odontológica en toda la vida.  Lo extraño es que en la zona urbana cuentan con atención odontológica hospitalaria pero concurren exclusivamente en una emergencia para extraerse las piezas dentales. Siempre vamos a las comunidades en  el marco de  la interculturalidad y el respeto a su proceso étnico identitario.

¿Con qué panorama se encuentran al visitar una precaria vivienda?

Depende donde sea, si es en la meseta, la ruca (casa) es  precaria, no hay nada más que una mesa unos bancos de madera y una cocina económica. Pero uno se encuentra con la alegría de la gente por la visita, siempre acompañada con mate y tortas fritas que nos invitan. Creo que es donde mejor cuadra el concepto de calidad de vida. Las largas charlas con sus habitantes, el respeto a los mayores, el mostrar con orgullo sus tejidos.  Los alumnos y docentes salen impresionados y gratificados. Es una experiencia realmente conmovedora. En la zona urbana la situación es distinta: una casa de cantonera, sin baño, sin excusado, sin una silla. Es la miseria. Cantidad de niños. Eso golpea de otra manera. Ahí te duele la impotencia.

¿Qué se observa en una boca que se abre por primera vez para mostrar la dentadura a un odontólogo?

Con los niños de las escuelas rurales, uno encuentra siempre una sonrisa. Les llevamos cepillo dental, con un vaso y un espejo de manos para enseñanza de cepillado. Generalmente, como lo expresé con anterioridad, tienen las bocas limpias y con pocas caries. Es increíble la alegría que les produce nuestra visita.  En los adultos no es así: encontramos bocas desdentadas, por supuesto que sin prótesis. Nos cuentan que cuando tienen mucho dolor se sacan ellos mismos las piezas  dentales con una pinza y sin anestesia. Estas son  cosas que debemos resolver. Esta es la realidad que debemos contribuir a cambiar desde nuestra humilde carrera de Odontología.

Después de la revisión, ¿sólo basta entregar un cepillo de dientes o existen otras recomendaciones de métodos más eficaces para que la gente alcance un mejor nivel de calidad de vida desde la salud bucal?

Se trabaja en promoción de la salud, en educación para la salud para el autocuidado de sus piezas dentales, y en la prevención odontológica. Para ello, aparte de los estudios epidemiológicos, que nos determinan el estado de salud o enfermedad de las poblaciones, cantidad de piezas dentales cariadas,  perdidas u obturadas,   se realiza enseñanza de cepillado, se pasan videos para distintas edades motivadores de la higiene dental. Pero también se realizan cursos de capacitación a los maestros, padres y agentes sanitarios para que le den continuidad sin nuestra presencia constante, que es imposible, a la higiene y control de dieta con contenidos de  azúcares en los niños.

¿Quién aprende más en este tipo de visitas a comunidades?

En las comunidades rurales dispersas era el primer contacto con el odontólogo y también con la universidad. Por supuesto que no existen estudios epidemiológicos de enfermedad bucal en ningún lado de la Provincia y menos de las comunidades mapuches. Pero creo que no es lo más importante. Lo importante es el vínculo,  la compresión de que hay otras culturas que debemos respetar, otras maneras de entender la salud y la enfermedad. Otros remedios, que no conocemos y que también nosotros debemos aprender. Es un ida y vuelta donde todos aprendemos. Y que desde nuestro lugar, mucho podemos hacer para cambiar la realidad, con continuidad, con compromiso. Esa es la intención.

¿Cuántos alumnos están comprometidos en esta tarea, qué experiencia les deja?

Han viajado en forma rotatoria unos 60 alumnos de Odontología. La forma en que la experiencia impacta al alumno depende un poco de su condición social, su propia sensibilidad, pero en general los alumnos vuelven impactados y todos quieren repetir la experiencia.
Además contamos con un equipo de docentes de odontología del área psicosociales comprometidos y compenetrados con esta ideología. Sin ellos sería imposible realizar estas tareas: Perla Brevi, antropóloga; Mónica Zanchin, Andrea Bautista y Yanina D´Angelo, odontólogas.
Vamos a las comunidades, no con un criterio caritativo sino transaccional. Nosotros necesitamos de ellos conocer cuáles son sus necesidades fundamentalmente odontológicas para aumentar la demanda; ellos necesitan de nosotros la atención odontológica que nunca tuvieron al igual que muchas otras cosas. Somos conscientes  de que conocer la realidad y el puro asistencialismo no basta.

Alguna reflexión final ...

Con continuidad, responsabilidad y perseverancia, siempre con calidad académica y evidencia científica pero contextualizada, podemos mejorar la calidad de vida de las comunidades mapuches de la meseta, de las zonas urbanas y tengo la certeza de que nuestra carrera de Odontología, así concebida,  con el tiempo modificará  la salud buco- dental de  los habitantes de nuestra región y, por lo tanto, su calidad de vida.

Suma a esto la cercana inauguración del espectacular Hospital Escuela Odontológico de la UNRN en Allen, el único desde la ciudad de la Plata a Ushuaia.

La condición para la concreción de esas metas es que podamos mantener los objetivos sociales en el desarrollo de la carrera, porque el modelo de atención odontológica hegemónico vigente es muy poderoso y está siempre en acecho para  impedir y/o revertir los cambios.